Acabada la Feria de Abril, me veo obligado a escribir un post sobre la Semana Santa. Efectivamente, esto que acabo de escribir no tiene mucho sentido, pero tenía esta cuenta pendiente, y tras terminar semana del jartible he tenido los siguientes motivos para no saldarla: primero un curso que me tenía lejos de casa de 17:00 a 21:30, después un viaje a Galicia para ver a mi hermano, para terminar, la feria.
Al grano, como saben los que me conocen la Semana Santa no es que me apasione precisamente, siempre me ha parecido aburrido eso de ver pasar miles de nazarenos para ver un paso, y las muchedumbres me causan rechazo. Sin embargo, he salido muchas veces, porque no todos los días hay tanta gente, y siempre es agradable dar un paseo por el centro de la ciudad con tu pareja, con amigos o ambos inclusive. Además, hay algo que sí me gusta, o gustaba, de la Semana Santa: las marchas.
Ninguna de estas cosas positivas han pasado este año, lo de pasear ha sido imposible, la proliferación de sillitas de los chinos, junto con los carritos de bebe, han formado barreras infranqueables de maleducados individuos reacios a apartarse. Las madres semanasanteras llevan a sus niños pequeños en medio de la muchedumbre a modo de rompehielos, debes de andar listo para apartarte y no caer sobre el chaval, porque la madre va metiendo el carrito por todas partes y pidiéndote que tengas tú el cuidado que debería tener ella. Creo que al menos las sillitas deberían prohibirse terminantemente, pero el ayuntamiento parece que no está por la labor, y dice que sólo se ocupará de retirar a los que se colocan tapando salidas en caso de emergencia. El argumento que se da para justificar esta actitud es que, si la gente que paga tiene su asiento en la Carrera Oficial uno tiene derecho a plantar su silla donde quiera. A mí este argumento me parece fuera de toda moral, siempre he criticado el agravio comparativo de los que tienen asiento en carrera oficial, pero algo que está mal no se justifica con otra cosa que está mal. Y si así fuera, su actitud no está perjudicando al que está cómodamente sentado con su cartucho de pescaito frito en la carrera oficial, sino a los que tiene alrededor que están igual que él.

Individuos encargándose de llevar a cabo mi plan maestro
Lo de las marchas merece mención aparte, al parecer desde hace unos años le ha dado a todo dios por escribir marchas de Semana Santa, así que en lugar de las tradicionales compuestas por gentes que sabían donde tenían el oído, uno se encuentra oyendo HORRIPILANTES versiones del Canon de Pachelbel, o buscando a los Mejicanos que se han colado para descubrir que los que están tocando la ranchera son los de la banda de música que van tras la Virgen. Otras no eran casos tan extremos, pero sí anodinas hasta morir de aburrimiento.

Al rico carrito de niño chico.
De modo que, sin poder pasear sin tener que pelearte con tres o cuatro cada dos pasos para poder pasar, y sin poder oir las hermosas marchas de antaño, ¿que aliciente le queda a la Semana Santa para alguien como yo? Ninguno. Y lo peor es que algo parecido le ha pasado a gente que sí disfruta de la fiesta.