Un viaje en autobús {Tribulaciones de Enhiro}
29 de Abril, 2005 por enhiroLas obras del metro han obligado a cortar o estrechar algunas de las más transitadas calles de Sevilla. Entre ellas la Avenida. de Ramón y Cajal, calle por la que paso en autobús a diario. Primero la estrecharon de seis a cuatro carriles, dos en cada sentido, ahora le han dejado sólo dos. El primer estrechamiento, hizo que la linea que cojo para ir y venir al trabajo, se retrasara entre veinte y treinta minutos en hora punta. Evidentemente, al reducirse el caudal a la mitad, el retraso se ha duplicado y ahora puedes llegar a estar una hora esperando, cuando antes de empezar las obras era raro la espera llegara a diez minutos.
Cuando se lleva todo el día trabajando, lo que menos se desea es estar una hora esperando a que pase el autobús. Cada minuto que pasa el nivel de cabreo en el cuerpo sube de forma exponencial.
Tampoco hay que olvidarse del conductor, que poco tiene que ver con que hayan reducido a la mitad la capacidad de la calle. Ese hombre puede llevar varias horas dando vueltas, aguantando el calor de media tarde, y para colmo, seguramente el atasco va a hacer que su turno se prolongue una nada desdeñable cantidad de minutos. Todo eso pasará por su cabeza cuando ve que pasa el tiempo y no se mueve del sitio donde está. El cabreo, en este caso, va subiendo de forma exponencial elevada al cuadrado.
El problema es que, después de una hora, cuando el autobús llega por fin a la parada, las personas que están allí sienten cierta necesidad de protestarle a alguien (o incluso a algo). A la mayoría le funciona el sentido común y sabe que el conductor poco puede hacer, que está tan jodido o más con la situación que ellos mismos. Pero, como diría el Maki, siempre tiene que haber un gilipollas, o una gilipollas (hoy Google me quita el AdSense), que hay pocas cosas tan democráticamente repartidas.
Hoy, cuando he llegado a la parada para volver a mi casa tras currar, me he sorprendido de la cantidad de gente que estaba subiendo al alcosasaurus (autobús que lleva al Parque Alcosa, mi barrio). Yo he tenido suerte, porque cuando he llegado el paleolítico animal ya estaba tragando alcositos y no he tenido que esperar. Pero se podía oler la tensión en el ambiente, las caras de mosqueo eran evidentes. Como no, la tontalbote de turno se ha dirigido al autobusero (dícese del tío que lleva el autobús) con no malas, pero tampoco muy buenas maneras, para decirle que iba a recoger firmas para protestar a la empresa por los retrasos (a la empresa para qué tontalculo que tiene que ver la empresa con que el ayuntamiento haya reducido a dos carriles una de las calles más transitadas de Sevilla). Esto unido al estado anímico del conductor, ha provocado la primera trifulca del viaje. Pensaba intervenir cuando una chica (gracias a Baco también hay mucha gente cuerda) le ha recordado el cuello de botella de Ramón y Cajal. Pero claro, una tontalculo no se atiene a razones (un totolculo tampoco, que hay por ahí gente con muchas ganas de sentirse indignada), esta en concreto, que pertenece a la Comunidad de Vecinos, no parecía dispuesta a echarle la culpa al ayuntamiento así le acercaran un yerro candente a los ojos. Se tiene ganado el sillón de concejal en el futuro la tipa.
Pasado este follón, varias paradas más allá se ha montado el tontolculo, para que se cumpla eso de los coreanos, sí, lo del ying y el yang ese. Este ha sido bastante más violento y se ha liado con el conductor a jierro. Este era todavía más imbécil que la otra, y culpaba de todo al autobusero. Yo estaba por bajarme en la siguiente parada, porque la discusión estaba llegando ya a niveles de peligrosidad para la conducción, y más vale perder una hora en la vida que la vida en un minuto. Pero otra vez se ha impuesto la cordura, y un chaval ha cogido por bando al lumbrera y lo ha hecho callarse.
Yo he pensado que quizás sería buena idea presentar a Mr. Lumbrera y la futura concejala, pero al final he decidido que mejor no.
Pero no, todavía no ha terminado la historia. Cuando Mr. Lumbrera bajó del autobús, y yo meditaba si había hecho bien en no unirlo con la concejala, de repente toda la peña se sobresaltó. El autobusero había abandonado el puesto de control del alcosasaurus para irse detrás de Mr. Lumbreras. Nos temíamos lo peor, porque el salvador del autobús iba junto al conductor para hacerle unas reformas a Mr. Lumbreras en su fisonomía, pero de repente la novia del autobusero entró en el sector y consiguió apaciguar los ánimos del autobusero.
Cuando me dirigía a coger el alcosasaurus pensaba que me iba a quedar sobado en el trayecto. Tenía un sueño del copón, pero con toda la bronca del trayecto el sueño me ha desaparecido, hasta este momento. Me voy a dormir, a ver si mañana me llega la lentilla de una vez que esto de estar tuerto es una mierda.
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