Como mis más avispados lectores habrán deducido, el pasado fin de semana largo del quince de agosto, que no puente, me he ido de acampada a Albufeira, una localidad costera de Portugal. Nunca antes había ido de camping en verano a la playa, dado que tenía cierto barrunto nada halagüeño de lo que podía ocurrir. Después de probarlo no me queda otra cosa que decir que mi instinto me sirve bien. Así que no creo que vuelvan a pillarme bajo el sol del verano, en una tienda de campaña, en un camping sureño.
Y es que el viaje ya prometía desde el principio, oiga. Nada más salir uno de los dos coches que
nos llevaban dijo algo así como a Portugal os va a llevar vuestra pucof cof cof cof dre, acabando la frase con una gran humareda blanca saliendo de debajo del capó. Un calentón en toda regla, una avería que va a salir por una cifra que me da miedo pensar. Así que nada, empujoncito del vehículo hasta la Gasolinera más cercana y a sustituirlo por otro. ¿En el de Horacio o en el de Migue?, en el de Horacio que es más grande.
Después de que la grúa se llevó el primer coche y Horacio apareciera con el segundo, seguimos viaje, con un ojo puesto en el gepeese y otro en la aguja de la temperatura del coche. Que ya se sabe que los manguitos los carga el diablo, y en cualquier momento pueden reventar.
En el camping habíamos de reunirnos con unos amigos gallegos que venían de Lisboa. Debíamos llegar nosotros primero, pero dados los terribles acontecimientos acaecidos, nos ganaron. Como llegaron antes, preparon el terreno y nos llamaron para registrarnos en el camping, negocio para el que precisaban de nuestros deeneís y las matrículas de los vehículos que fielmente nos llevaban a nuestro, no sabíamos en ese momento, siniestro destino.
Así las cosas llegamos al campismo sin más contratiempos, pensando que todo iba a ir como la seda por aquello de ya estar registrados. No era, en cualquier caso, una agradable visión la que nos encontramos. La entrada del camping era una enorme bulla de personas y coches, de todo pelaje y procedencia. Aquello no auguraba, precisamente, comodidad y espacio en el interior. Me recordaba mucho a cuando fuimos al Festival de Ortigueira, y sabe El Hacedor que no es un buen recuerdo.
Pero no, no va todo como la seda, en la entrada nos espera un simpático chaval que nos pregunta ¿taryetas?, a lo que contestamos, ¿taryetas?, taryetas no. Así que el chaval nos hace, amablemente, salir por donde hemos entrado. Al parecer el camping da una taryeta por persona y vehículo, y esas taryetas las tienen nuestros amigos santiagueros, que salen a nuestro encuentro previa llamada y nos proveen de las dichosas taryetas de proporciones áureas. Nos las ponemos entre los dientes, cual diputado de ERC que quiere bañarse en la piscina de Pedro J. y ahora, el simpático chaval nos deja pasar. ¿Taryetas?,taryetas sí.
El camping:
Por donde empezar…, bien, se puede empezar por la respuesta que dieron desde el camping cuando llamamos para reservar plaza, que fue la siguiente: para tiendas de campaña no hace falta reserva. Respuesta que, obviamente, no auguraba nada bueno, o el camping era una mierda y no iba nadie, o dejaban entrar a la gente como si se tratara de la acampada libre de un evento musical y allí te las apañaras para plantar la tienda. Resultó que era ambas cosas. El camping no estaba parcelado, las tiendas y las caravanas se apiñaban y sucedían sin orden ni concierto. Para plantar la tienda primero había que ganar la plaza, previa batalla que, una vez vencida, te daba derecho a tu metro y medio cuadrado de terruño. Por supuesto, los servicios del camping estaban dimensionados para un espacio parcelado, así que para ducharte, lavarte los dientes o deshacerte de aquello que pugnaba por salir de tu interior tocaba aguantar cola.
El primer día estaba especialmente masificado, más tarde nos enteramos que se debía a que había una gran fiesta Hoje Today. Lo curioso es que todas las noches había una gran fiesta de esas, pero en esta en cuestión venía DJ. Tokapelotas o algo así, y habían venido gente de todas las tierras de Portugal al evento. Con lo que, de hecho, aquello era lo mismito que la zona de acampada libre de un evento musical pero pagando.
Por supuesto, los tres árboles que había en todo el terreno ya estaban ocupados y sitiados, así que nos tocó montar las tiendas a la sombra de un pino recién plantado. Eso provocaba, por supuesto, que tuviéramos que huir de las tiendas nada más salir el sol y volver cuando los últimos rayos de éste asomaban por el oeste, pasando el resto del día buscando las sombras como busca el aire un mamífero marino.
Lo de las tres piscinas que anunciaban en la guía del camping, que por lo que ponía en la guía es de Super Lujo, también es para dedicarle todo un apartado. Las piscinas en sí no estaban mal, el problema es que, como todo lo demás, no estaban pensadas para la cantidad de personas que tenían alojadas dentro, con lo que casi que había que entrar en el momento que alguien salía y dejaba un hueco.
Las Taryetas:
Como ya he dicho, nada más entrar te dan una taryeta personal, después de haber pagado por adelantado el coste del campismo. Y es lógico que sea así, primero porque si no después de verse el percal la gente se largaría a otro camping más civilizado al día siguiente. Segundo, porque con tantísima gente a ver quien controla que nadie echa sus pertrechos en el coche y se larga de allí, y ya pagará el de las taryetas.
Una vez te dan tu taryeta, debes guardarla como si de tu pasaporte en Marruecos se tratara. Si te la quita alguien adquiere inmediatamente tus derechos en La República Independiente Camping de Albufeira y tú no puedes ni volver a entrar, a no ser que vuelvas a apoquinar. Por lo que he oído, en aquella zona los psiquiatras tienen tipificado el Síndrome de la taryeta de Albufeira como enfermedad mental. No se si será verdad, pero lo cierto es que escuché a alguno, agazapado entre las rocas de la playa aferrado a su gastada taryeta diciendo es miiiiiaaaaaaaaaa, es mi taryeeeeeeetaaaaaaaaaaaa.
Moraleja:
No te fíes de los campismos de lujo de Portugal.
Continuara, to be continued, CCK (las ces al revés)…