Andamos en casa poníendonos al día con House, y esta semana hemos empezado con la 4ª temporada. House me gusta por su sentido del humor y por su arriesgada apuesta con el personaje principal, un médico que desprecia a sus semejantes, se salta todas las reglas y que cura sólo por el reto que le suponen los diagnósticos difíciles. Por si esto fuera poco, además tiene la osadía de ser escéptico y ateo. Todo lo contrario a lo que se supone que debe ser un personaje de éxito.
Normalmente, en las producciones americanas suelen hacer trampas con la religión, lo normal es que se de por supuesto que los personajes son creyentes, a veces hay excepciones, pero normalmente los guionistas se ocupan de poner al personaje díscolo en jaque, o bien con una discusión falaz como sucede entre el personaje interpretado por Tim Robbins y otro que no recuerdo en Mision a Marte, o bien forzándolo a una situación en la que tiene que admintir que cree en algo que no puede demostrar, como en ese lamentabilísimo final de Contact.
Ayer, en el tercer episodio de la serie, se da una situación en que House entra en la consulta y se encuentra a un tipo que parece un ecce homo debido a un accidente de tráfico. En el instante en el que el prenda ve a House, saca una navaja y, ante la mirada de terror del médico le endiña una mojada a un enchufe, con el consiguiente espectáculo de fuegos artificiales, quedando finalmente más muerto que vivo. House trata de deducir porque el tipo ha hecho semejante gilipollez, y al no encontrar respuesta lógica acaba preguntándoselo. Éste le responde que tras el accidente de coche había estado un rato en el más allá, que aquello había sido la mejor experiencia de su vida, y que sólo había querido repetir la experiencia. House, por supuesto, trata de explicarle el proceso físico que le ha llevado a tal experiencia sin éxito. Las heridas del accidente, combinadas con la electrocución, acaban nominando al chaval a los Premios Darwin.
Todo parece que va a quedar ahí, pero al rato, el paciente de verdad del capítulo, un tipo condenado a vivir en una silla de ruedas que además se ha puesto muy enfermo de otra cosa, también parece que no ve con malos ojos aquello de conocer a Caronte con la creencia de que eso le librará de su triste existencia en el mundo real. House trata de convencerlo de que se deje de películas de indios, de que aquí lo único seguro es el suelo que pisa, y que trate de vivir. Entonces es cuando entra el catalizador de la reacción, que no es otro que el Dr Wilson, que reprocha a House su actitud con el paciente, acabando con el manido y tu como puedes estar seguro de que no hay nada más.
En ese momento es cuando empiezo a preocuparme temiéndome un momento Contact, preocupación que se acrecienta cuando nuestro protagonista, navaja en ristre, repite la acción del niñato y le mete otra mojada al enchufe, para ver que pasa. Todo parece apuntar a que al despertarse va a acabar contando que se ha dado un paseo por el Elíseo, que ha saludado a su tía Jessica que murió hace 10 años y se ha echado una partidita de ajedréz con el hacedor. Los guionistas juegan con ello, no desvelando el suceso hasta el final, en que House, frente al cadáver del enfermo del capítulo, acaba con un contundente, te lo dije.